Baco, el dios del teatro

La figura griega de Dioniso, identificada por los romanos como Baco, está estrechamente ligada al nacimiento del teatro. El teatro nació como una celebración religiosa en honor al dios Dioniso, amante de la danza y la música.
Fruto de la relación extramatrimonial entre Zeus y Semele, nuera del rey de Tebas, Dionisio fue llevado tras su nacimiento a Nisa, una montaña cuya ubicación nadie conocía, para protegerlo de la venganza de Hera, esposa del soberano de los dioses. 
Allí vivió con sus ninfas y su maestro Sileno en una cueva cubierta de viñas salvajes.  
Durante las fiestas de Dioniso, celebradas en otoño y primavera, hubo fiestas y cantos, los ditirambos, que hablaban de las acciones y aventuras del dios Baco. Además, el canto se acompañaba a menudo de danzas y rituales. Aquí es donde comenzó el drama y, en consecuencia, la historia del teatro.
Estos coros se fueron especializando y de ellos surgieron los actores, personajes del mito, la leyenda y la epopeya.
Los actores aparecían caracterizados con máscaras, pelucas y diferentes vestimentas para que el público reconociera de forma inmediata el personaje al que estaban interpretando. El uso de la máscara permitía que un mismo actor pudiera interpretar todo un elenco de papeles.
Sileno era representado siempre con la faz de un viejo calvo y barbudo, como podemos observar en el mosaico documentado en el yacimiento arqueológico de la plaza de armas del Alcázar de Écija caracterizado por su doble juego visual (Sátiro-Sileno). 
La figura de Sileno se  asocia en numerosas ocasiones a disfraces y máscaras teatrales, máscaras que, por otro lado, se portan en las procesiones báquicas.
Es el caso de las máscaras que caracterizan a las figuras de terracota que podemos observar en la vitrina.


Figurillas de terracota con representación de Sileno. Vitrina Sala Roma. 
Museo Histórico Municipal. Écija.



Emblema central del mosaico Sátiro-Sileno. Yacimiento del Alcázar de Écija.







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